Considera tu adicción al aire como un haz de supervivencia de la cual puedes demostrar tu afán por sobrevivir ante tu dependencia personal hacia la vida. No vives porque mueres, vives porque estás vivo. Siempre podrás entender, siempre podrás demostrar, pero nunca podrás afirmar que nada es tan real como tu vida, porque ni lo es ni lo será tu ayer y tu mañana. Prescindir de algo imprescindible para vivir nunca fue lo suficientemente tangible para tus palabras. Y la coherencia de mis palabras, por lo tanto, nunca será más, menos o tan verídica como la tuya mientras existas o existamos; al igual que tus palabras serán la misma crítica razonable mientras giremos con este mundo. Ni tú ni yo somos imprescindibles, entiéndelo.
Nadie puede indicar un orden lógico, o quizás sí. Quizás todo esto tenga algún sentido, o quizás su sentido sea que no lo tenga. Pero sinceramente, no me preocupa en absoluto, o eso diría mintiendo. Puede que nunca lo llegue a entender, pero con alguna certeza podré decir algún día que lo intenté; haré por poder prescindir de ello y haré por entenderlo mientras viva; ya otros estuvieron más cerca, y lo estarán.
Y si el reino de la salvación no puede llevarte a casa, lucha para no convertirte en polvo.
Los silencios ni se crean ni se destruyen ni siempre cuentan la verdad; seguirán siendo tanto más ajenos a nosotros cuanto más cerca los sentimos.